La puerta ya se ha abierto. Ya no puedes retroceder.
Necesitas trágicos dolores para darte cuenta de lo que realmente importa. Sin embargo,esos dolores dejan de estar tan presentes -pues van consumiéndonos interiormente- y con el tiempo, olvidamos lo que tal vez aprendimos.
Venimos aquí para aprender. Aprender que debemos permanecer juntos. Nos necesitamos. Todos necesitamos ser amados, reconocidos, valorados, sentidos.
Pues, entre todos, formamos una colmena, y la abeja que se queda sola, muere.
Ahora es cuando te das cuenta de lo que rechazaste, de todos tus errores. Tus lágrimas preguntan por qué. Tu mirada al vacío, es cual teoría del universo, de la materia, no tiene respuestas a tantas preguntas. Tus ideas...desordenadamente van atacando tu cerebro para sumirlo en un dolor tajante; mientras tú, tú... tú intentas no sentir, no llorar, no pensar; sabes que si no lo asumes, no lo admites, esto te perseguirá hasta el último de tus pasos.
Ahora mi puerta, ya no se cierra. La veo paciente, sabemos que un día, tal vez no tan lejano, la cruzaré.
Mientras tanto, ¿debo vivir intentado impedirlo? ¿debo darme prisa? ¿debo vivir? ¿debo llorar?
¿Qué debo hacer?
Tal vez si lo supieramos, seríamos capaces de vivir solos, solos, TOTALMENTE SOLOS.
-Tras la muerte de un amigo de mi infancia-
Aixa.